10.6.09

La cicatriz del oprobio


La oscuridad se cernía sobre el bosque septentrional, el de los siete senderos, aunque por encima de las copas de los árboles agitadas por el viento, el cielo aun mantenía una claridad declinante. El viento frío pasaba serpenteando por entre los troncos y el ramaje de las hayas y los robles y descendía agitando los ropajes del Barón Han Von Deck y su fiel Armenieta. El camino había sido largo y desmontaron al pie de una alta peña. La zíngara, mirándole con sus ojos profundos, le interrogó, y se retiró despacio para preparar lumbre y comida. El Barón inconscientemente se rozó con la yema de los dedos la cicatriz que le recorría como un relámpago parte del rostro, descendiendo hasta el cuello. Un recuerdo de sus días de cautiverio y tormento; él aguantó el martirio pero su amada no lo resistió. Quien le prendió y tendió la celada apresó como rehén a su hija y encomendó a Von Deck cometer crimen sobre una de las reinas de Avernarium si quería volverla a recuperar. La herida que le infligieron hubiera sido mortal de necesidad si no hubiera sido por la milagrosa aparición de Armenieta, la misteriosa y la hechicera. Ahora la observaba manejar el cuchillo sobre la piel de una liebre, en cuclillas, fea como una noche de tormenta, pero con un poder que le protegería y auxiliaría en caso de necesidad, él lo sabía. Tenía la certeza de que si Armenieta hubiera surgido antes de caer preso, no le habrían podido causar el daño que le hicieron y la reclusión que padeció.

Cuando la lumbre empezó a crepitar y a dorar la caza, el Barón se recostó sobre su equipo de batalla. Miró el cielo a través de las copas de los árboles cimbreantes, decenas de estrellas empezaban una danza brillante, como bolas azuladas, dejando estelas preciosas tras de sí. Pensó de nuevo en su misión… pensó en la reina Nyx… el sueño le vencía muy despacio, sin incorporarse susurro:

- Armenieta, en una ocasión observé una de las reinas por el camino del norte, con el cabello castaño al viento, cabalgaba sola, sin séquito, hermosa y arrogante… adelántate esta madrugada, monta el caballo más ligero, búscala, síguela, hazte necesaria a ella, y ven a decirme donde encontrarla. Es la llamada Nyx de las tres hermanas. No te demores…

La zíngara continuó dándole la espalda pero él supo que había comprendido sus palabras y que partiría al despuntar el alba. Él continuó pensando, recordando. Antes de que el placentero sueño se lo llevara sintió como Armenieta se arrebujaba a dormir a su lado, apretándose a él con furia, con al cabeza sobre su pecho, como siempre hacía para protegerle y darle calor.

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