20.7.09

Donde crecen las rosas


Nyx montaba sobre Hierro al trote siguiendo el curso del río Biv. Miraba al horizonte mientras sujetaba las riendas con ambas manos, sin pensar en nada en concreto, sólo dejando que su mente enlazara un pensamiento con otro.



El sol estaba alto, pero le daba igual que su piel pudiera enrojecer. Llevaba un vestido ajado de color granate, era cómodo y ligero y le permitía montar a horcajadas. Siempre montaba así. Y como siempre, había salido del castillo sin que nadie la viera. No quería escoltas, no quería ver a nadie ni que nadie la viera.



Intentaba evitarlo, pero su mente terminaba siempre la cadena de pensamientos con Azcoy, y por más que intentaba una y otra vez apartar su última conversación de su mente, ésta se las apañaba para que las frases más dolorosas retumbaran en sus oídos.



Bajó de un salto del caballo y lo dejó beber en el río. Ella se sentó en las piedras de la orilla y se quitó las botas. Apoyó la cabeza sobre sus manos y respiró profundo.



Pensó en qué había hecho mal. Sus hermanas estaban inmersas en los planes para la conquista y ella no era capaz de hacer nada. Para colmo no dejaba de complicarse la vida con otros asuntos que nada tenían que ver y que la anulaban a la hora de concentrarse y tramar algo de provecho. Adara estaba en otro reino, arriesgando su vida por la causa. Níobe haciendo de las suyas para hacerse con Shult. ¿Y ella?



Se tapó la cara con las manos y reprimió un sollozo. Lo peor es que el sollozo no era por no estar a la altura en los planes de la familia, sino por Azcoy. Había abandonado su casita de piedra, incluso la herrería, y había desaparecido de Huyk. Nyx suponía que incluso se habría ido de Avernarium.



Hierro relinchó y meneó sus crines para llamar su atención. Nyx levantó la vista y miró al caballo, y siguió con los ojos hacia el lugar hacia donde él miraba. Se sobresaltó al ver, algo más adentrada en el bosque, a una mujer de una edad incalculable, sin ningún tipo de atractivo recordable, mas que una mata salvaje de pelo rojo, que la hacía aún más pálida de lo que ya era. Nyx creyó oírla canturrear en un idioma desconocido, mientras recogía ramitas de suelo.




"No estáis preparada, y no lo estaréis mientras él gobierne vuestros pensamientos" - dijo la mujer en voz alta sin mirarla, mientras seguía acercándose a ella, recogiendo hierbas y pequeñas florecillas y las metía en pequeños saquitos de esparto.



Nyx miró a su alrededor, poniéndose en pie.



"¿Me hablas a mí, mujer?" - le dijo.



La mujer la miró y dejó caer sus brazos junto a su cuerpo, solemnemente le dijo:



"El búho rebuzna".



"Genial - se dijo Nyx - una loca en mitad del bosque..."



- La locura está en los ojos del que mira, y no en la mente del que es mirado - la vieja se plantó en dos pasos frente a Nyx. La miraba fijamente y tenía una media sonrisa dibujada en su rostro anodino.



Nyx reprimió un respingo, aunque realmente, aquella mujer no la asustaba. Podría reducirla antes de que su boca volviera a abrirse. Y sin embargo sentía curiosidad por qué más cosas podría decir. ¿Le había leído el pensamiento?



- ¿Quién eres tú? - le preguntó la joven reina - ¿qué haces aquí?

- Mi nombre es Assurda D´cohone, de la rosada tierra de Rossum, país de adivinas y héroes de grandes proezas - dijo la mujer como si la voz le saliera desde lo más profundo de su ser. Nyx entornó los ojos y se quedó observándola. Sus harapos rosados y su pelo rojo eran, como menos, los más extraños que hubiera visto jamás. - aquí vivo retirada de un mundo que no me comprende, sabiendo que jamás volveré a mi amada Rossum - terminó diciendo.


- No conozco esas tierras, mujer - dijo Nyx - ¿qué haces aquí? ¿por qué no puedes volver a tu tierra? ¿te exiliaron, tal vez?


- Al morir mi madre, mi padre no quiso hacerse cargo de una desdichada como yo, mancillada por la herencia de mis antepasadas... veo lo que nadie más ve.


Nyx se acercó un poco más, asiendo las riendas de Hierro para llevarlo junto a ella.


- ¿De veras? - preguntó entre curiosa y divertida. - ¿Y qué es lo que ves en mí, mujer que todo lo ve?


- Veo que derramaste la sangre de una inocente y la de la vida que crecía en sus entrañas... - dijo la bruja fijando la mirada en los ojos de Nyx.


- ¿Qué? - gritó Nyx, sorprendiéndose a sí misma por el tono chillón que salió por su boca - ¿qué sabes, vieja bruja? ¿quién te manda para torturarme? ¿Azcoy?


- Tenéis un aura de sangre inocente a vuestro alrededor...no sé ni me interesa quién es ese azcoy, pero a cambio de la destrucción del que me desterró, os prestaré mi ayuda. - dijo la mujer arrodillándose a recoger unas forecillas blancas que había junto a sus pies. A continuación la metió en uno de los saquitos que llevaba atado al cinturón de cuerda.


- Estás loca... no sabes nada. - dijo Nyx altiva.


- Nyx - dijo la mujer - no sufras por él. Quien se va sin ser echado, vuelve sin ser llamado... - Nyx sintió un frío helado por la espalda - acaba con quien me dio la vida, y te ayudaré a conquistar lo inconquistable.

Nyx montó de un salto en Hierro, que relinchó enconvándose, por la violencia de su dueña. Ella miró a la mujer, seria, y dijo:

- ¿Podré encontrarte aquí si... decido que voy a creerte? - dijo turbada, recordando lo que aquélla acababa de sugerir... no sólo había matado a Murah, sino al hijo de ésta y de... Azcoy!

- Donde crecen las rosas rosas - dijo señalando al interior del bosque - donde rebuznan los búhos.

3 comentarios:

^lunatika que entiende^ dijo...

Joder, cómo engancha esto...

B dijo...

No es por nada, pero la adivina Asurda es la caña...jejejeje

C. Maltesse dijo...

Esto se pone interesante, esperadme que solo voy a por un vaso de agua